Unilateral.
¿A dónde te crees que vas? No no, de eso nada. Tú mi casa no la pisas. Quédate ahí en el felpudo y no muevas ni un pinrel que te veo. Ya estás como siempre, fíjate, sigiloso y sin hacer ruido. Moviendo el culo de un lado a otro. Hasta recreas el gesto de dejar ese manojo de llaves de mi casa, que no tienes, sobre la mesita de la entrada. Te crees que por echar un par de sonrisas y volver con tus monerías yo voy a caer. Pero no, no, no. Deja de mirarme desde la puerta con cara de “Cariño, ya estoy en casa” porque no te esperaba y ya no me da tiempo a esconderme detrás de las cortinas feas del salón que me regaló tu madre. No puedes quedarte quieto, a mí ya no me engañas. Que esto no es una visita de cortesía. Que no quieres conocer a mis hijos. No, no. Tú lo que vienes es a descolocarlo todo. Y sí, son muy guapos, no se parecen a ti. Siempre haces igual. ¿Qué? ¿Es que no te das cuenta? Entras sin apoyar los talones en el suelo y una vez dentro eres como un virus desmoronándolo todo a tu antojo. "Esto sobra, esto se queda, esto te lo perdono" Qué más te da saber sus nombres. No, no lo usé por supuesto que no, no quería recordarte cada vez que le viera. Te estoy diciendo que esa lámpara me gusta ahí, no me la toques. Siempre lo mismo. Tus idas y venidas de siempre y la boca cargada de Jamases disfrazados de Siempres. Me río yo. A mi no me vuelves a engañar. Y no, no quiero cambiar los cojines de sitio porque me gusta donde están. Por supuesto que todo me va muy bien. ¿Qué te pensabas? ¿Que porque mi vida no sea a tu lado ya iba a ser una amargada? Pues ya ves que no, las cosas cambian y el amor adolescente se esfuma. Ahora tengo una vida muy estable, gracias. No te pienses que me conoces tanto porque contigo tampoco fui tan feliz, eh. Por supuesto que no. Cómo te voy a echar de menos. Qué tontería. No. Ni siquiera un poco y por muchos ojitos que pongas no me voy a achicar. Pisa otra vez el felpudo que me lo estás llenando todo de nostalgia y me niego. Y qué si son viejos los muebles. Tú también lo eres y ya ves, no te vas ni contando diez. Sí, está trabajando pero llegará de un momento a otro y es muy celoso, así que deberías desemborronar tus huellas y marcharte. Por qué tienes que ser tan cabezota. Se me está quemando el café con tanta tontería. En una empresa constructora cerca de la calle de los domingos. Y por supuesto que le quiero, qué te hace pensar que no es así. Bueno, es igual, tu opinión no me interesa lo más mínimo. ¡Que no saques los pies del felpudo te he dicho! Ni un café ni medio. No seas pesado y vete ya. No, no quiero abrazarte. No me toques. Claro que estoy a la defensiva, qué te piensas. Sal de ahí. No tengo nada de comer, la nevera está tan vacía como yo. Deja estar esos libros que no son tuyos. Que tampoco sean míos a ti ni te va ni te viene, lo importante es que no quiero que sean tuyos. ¿Tus cosas? Lo tiré todo. No. Ni en cajas ni nada. Deja la lámpara quieta, por dios. ¿Es que no puedes parar? Sé lo que significa esta visita, y no tenías que haberte molestado. No, no, no tenías que recordarme nada. No sigas por ahí… Yo ya no me acuerdo de las tardes en el parque. No. No me acuerdo y no las echo de menos. Deja de hacer que me contradiga. ¿No lo ves? No quiero verte. Joder. Vete de mi casa por favor. No quiero verte. O no lo quieres entender. Tú llevas tu vida y yo la mía. Por primera vez hemos cumplido lo que nos hemos prometido, no empeores las cosas. No, eso no lo hemos cumplido, yo ya no te quiero…
Nueva fragilidad.
Miedo a cerrar la boca y no volver a abrirla más. Miedo a que me hablen y no me sepa callar. A sentirme observada, por la calle, por el metro. Pensar en ellos, saber que son. Miedo a que me busquen, a que me encuentren, a correr. Miedo a caer. Miedo a los golpes, a los pasos en falso. Miedo a mis torpezas y mis propias consecuencias. Miedo a que se la lleven sin que nos demos cuenta y también a que se lo lleven a él de diferente manera. Miedo a no volver a hablar. Miedo a que entren, miedo a que me cojan. Miedo a no saber gritarles. Miedo a querer matarles. Miedo a tener miedo. Miedo a no salvarme.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)


